- No he tenido oportunidades de bailar con mi marido. Estoy segurea de que nos disculparás.
Rhys la miró con aire de sorpresa, y se puso de pie.
-Creo que he tenido abandonada a mi mujer.- les dijo a los demás en tono jovial. Tomó a Elizabeth del brazo y la llevó a la pista. Ella caminaba rígida.
-Estás enojada.
Tenía razón, pero el enojo era con ella misma. Ella había estipulado las reglas y ahora se fastidiaba porque Rhys no las transgredía. Por supuesto que había algo mas profundo. Era no saber lo que sentía por él. ¿Se ajustaba al convenio por su sentido del honor o sencillamente porque no estaba interesado en ella? Debía averiguarlo.
-Lamento que haya habido tanta gente, Liz, pero están en el negocio, y de una manera u otra pueden sernos útiles.
De modo que captaba sus sentimientos. Elizabeth sentía los brazos de él que la rodeaban, su suerpo contra el de ella. 'Me gusta', pensó. 'Todo lo de Rhys me gusta'. Eran el uno del otro. Lo sabía. ¿Sabría él lo mucho que lo deseaba? El orgullo femenino le impedía decírselo. Y sin embargo, él debía sentir algo. Cerró los ojos y se aferró más a él. El tiempo se había detenido y no existía nada mas que ellos dos, la música suave y el hechizo del momento. Podría haber seguido bailando en sus brazos toda la vida. Se relajó, se entregó totalmente a él y comenzó a sentir su dureza masculina presionando contra sus muslos. Levantó la vista y encontró en sus ojos algo que jamás había notado, una necesidad imperiosa, un reflejo que era el del suyo propio.
Al hablar, la voz de Rhys era ronca.
-Volvamos al hotel.
Ella no pudo pronunciar la palabra.
Sidney Sheldon> Lazos de Sangre.
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